El valle soñado – parte IV


         

 
 
                       fotos do national geographif
                       foto: National Geographic
 
 
 
      La bomba estalló un día, a principios de la primavera de 1947. Tom me preguntó a quemarropa: _Jeannie, qué te parece nos fuéramos a Australia?
       Recuerdo que me quedé mirándolo, azorada, y que el corazón me palpitaba aceleradamente cuando le contesté:
_ Iré contigo a donde quieras, querido: tú lo sabes.  Entonces me abrazó, y nos sentamos a charlar. Me dijo: "Tuve un sueño, Jeanie; ya lo he tenido muchas veces. Veo un valle árido y desolado, con árboles agostados y  pasto escaso y seco. Hace poco, me desperté por la noche con la certeza de que el valle existe, y de que lo voy a encontrar en Queensland, Australia. No me pidas de que lo explique. Es como si Dios mismo me hubiera hablado. Yo sé lo que El quiere ahora, Jeannie: quiere que vaya, que vayamos, y que hagamos reverdecer Su valle".
       Me quedé callada un rato. No resultaba nada fácil asimilar lo que Tom me había dicho. Que renunciáramos a nuestro hogar y viajáramos al otro lado del mundo para encontrar un valle desconocido. Me precía uma locura.
_ Que opiunas, muchacha?
     Lo miré a los ojos, y me di cuenta de que no habría manera de sacarle aquello de la cabeza. Así pues, le contesté:
_ Si eso es lo que tú quieres…
_ Es lo que Dios quiere _ replicó Tom.
       Al cabo de una semana, Tom fue a Londres, a la oficina del Gobierno australiano, y regresó con la noticia de que nos aceptaban como inmigrantes en quel lejano país. Eran miles las personas que deseaban ir, así que posiblemente pasarían nueve meses antes de que consiguiéramos pasaje en un barco. Pero Tom no podía esperar.
_ Mira, Jeannie, esto es lo que vamos hacer – me dijo_: venderemos la granja. Tú irás con los más pequenos a Edimburgo, y te quedarás con tu madre. Thomas y yo viajaremos en avión a Australia, y buscaremos nuestro valle. Ustedes se reunirán después con nosotros.
       Haremos,iremos, harás!!!!, pensé. lo había decidido él solo, y ya estaba dando órdenes. Casi por primera vez desde que lo conocí, me enojé con él.
_ Por qué no podemos ir todos juntos?_ le pergunté.
_ Escucha, muchacha _ me contestó_: tengo que encontrar el valle. Queensland es grandísima. No puedo andar dando tumbos en una tierra desconocida con una familia a cuestas.
_ No puedo creer que Dios quiera separarnos, Tom _ le dije amargamente. Luego pronuncié palabras que pesaban en mi corazón como uma roca de granito – : Y tampoco creo en tu sueño, ni en tu valle.
_ tienes que creerlo, Jeannie _ replicó, muy quedo _. El valle está esperando que lo encuentre. Y juntos vamos a hacer que florezca.
 
 
a continuación
  

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