El valle soñado – parte V



Por tanto, seis semanas después estábamos en la Estación Waverley, en Edimburgo, despidiéndonos.
En Queensland, Tom inició aquella descabellada búsqueda muy a su manera: con determinación y organización notables. Proveyó a Thomas y se proveyó a si mesmo de ropa adecuada para el monte y el inusitado calor. En un viejo camión del ejercito que compró podían dormir Thomas y él, y además, llevar sus escasas pertenencias. Trazó una cuadrícula sobre un mapa de Queensland, y numeró los cuadros. El plan era visitar cada una de esas fracciones del territorio. Al terminar una de sus exploraciones, tachaba el número en su mapa y talaba una muesca en su bastón.
Ambos me escribían cada semana: eran cartas breves, impregnadas de alegría, en las que no mencionaban las dificultades por las que pasaban, pero tampoco daban noticia alguna del valle soñado. Solo después me enteré de las desilusiones y contrariedades que habían sufrido. Viajaron cientos y cientos de kilómetros: las muescas del bastón fueron aumentando, y hubo veces en que hasta Tom sintió la puñada de la desesperación.
No obstante, Dios tuvo misericordia de ellos por fin, según decía Tom. Cierta vez, iban viajando por un lugar que se encuentra a unos 480 kilómetros al noroeste de Brisbane, cuando los sorprendió una tormenta tropical. El agua corriente arrastró parte del camino de tierra, de modo que Tom se desvió y condujo el camión como un kilómetro y medio por una vereda medio escondida. De repente, el camión se detuvo y ya no arrancó.
Tom miró en torno suyo y divisó una casa pequeña, a unos 200 metros de donde estaban. Thomas y él llegaron corriendo a ella y descubrieron que estaba abandonada desde hacía tiempo, y había sufrido un gran deterioro. Sin embargo, Tom sintió en ese momento el cosquilleo de la emoción. De repente, se abrió violentamente una puerta trasera! Afuera sólo se veía una destartalada terraza, y más allá la oscuridad de la tormenta.
Entonces resplandeció un relámpago, luego otro, y otro más! En esos breves segundos, cuando se iluminó el panorama, Tom vio el valle de sus sueños!

Sobre nunaina

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